La primera moneda

 

Todos estaremos de acuerdo en que el dinero no te da la plena felicidad, pero ayuda a conseguir esas cosas con las que siempre has soñado y a darte pequeños placeres que animan a cualquiera, como ese viaje tan especial, esa comida que querías probar desde hace tiempo en un restaurante único y mucho más.

Para entender el dinero como manera de intercambio por productos, bienes o servicios, hay que remontarse mucho tiempo atrás en la historia. Primero existía el trueque, después el oro se utilizaba como método de pago y a raíz de aquí podemos hablar de la moneda, ese pequeño trozo de metal que ha ido evolucionando hasta lo que conocemos hoy en día.

Si aceptamos la versión del historiador Herodoto, podemos decir que las primeras monedas surgen en el Asia Menor sobre el siglo VII a.C. Se mandaron hacer para facilitar la recaudación de los impuestos, aunque es muy probable que aparecieran mucho antes en cualquier otro lugar. El León de Lidia es la moneda oficial acuñada más antigua que se conserva; se encontró en Turquía sobre el año 650 a.C. Se fabricaron por orden del rey Alyattes como medio legal de intercambio, y estaban hechas de oro y plata. Pese a esto, no se puede considerar la primera moneda de la historia, aunque si la moneda más antigua conservada, ya que diferentes relatos y pergaminos históricos hablan del uso de monedas en la antigua China allá por el 5000a.c.

En el Imperio Romano se creó una moneda homogénea en las distintas regiones y unitaria en peso, tamaño y valor, el «denario» (raíz latina de la palabra «dinero»). Se implantó una acuñación estatal, prohibiéndose cualquier tipo de emblemas particulares. En las antiguas monedas griegas había espigas de trigo y en las primeras romanas cabezas de ganado. Estas formas habían sido durante siglos símbolos del dinero, y su estampación permitía vincular las monedas con la idea general sobre el valor de las cosas reflejadas. De esta forma fue más fácil para la población comprender el nuevo sistema monetario.

 

 

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